jueves 22 de abril de 2010

otoño caletero


bendita caleta...
más tranquilita
y poeta...

palabras, palabras, palabras


ha huido de mí la palabra;
sólo quedan gráficos que nada dicen...
si no me dais el don de la palabra
tampoco perturbéis mi silencio; por favor...
el don de la palabra...
¿y desde cuándo la palabra es un don?
palabras, palabras, palabras...
abrapalabra
pata de...

génesis 3, 1-13


derramaron desde el cielo lágrimas de dolor.
sus ojos. lloraba dios.
ellos abusaron de todo:
de fruta, de carne, de pecado
y de todos los manjares del bien y del mal.
las lenguas reptantes provocaban encendidas.
como rayos atrevidos incitaban
entre la hojarasca de un cuerpo femenino
verde por naturaleza -como dicen-.
paraíso y dios y hombre -trinitario- y mujer
se aventuraban en la selva del principio.
ella quiso hacerse sumisa de hombros
como en la duda del no sé.
miraba recelosa a la serpiente.
-¡me amas!- afirmó.
-¡sssssí... y toma mi cuerpo de manzana!-
respondió el demonio de reptil.
adán besaba -reposante venusino-
con su dedo sus pretextos de existencia
en las sienes de un pintor y una cúpula renacentista.
todo era un paraje divinizado para el momento,
con testigos en hebreo y arameo, si acaso.
pensaba Adán en el orbe,
más allá de las puestas de sol y de los ocasos de los días,
y en las paredes azules de la casa de dios.
y se vio con el trozo de manzana en la boca...
dios se mesaba la barba caprichoso
y adán se vio desnudo sin príncipe ni arcángel
que desterrara por siempre la manzana maldita de su boca
ni besara los labios del hombre...
... un hombre, que muere en la tierra vestido de barro
en el torno celeste y girando, girando, girando
y cocido a trescientos sesenta suspiros del sol.

al escondite (juego de soneto deshonesto)


una, dos y tres... -vendo mis dos ojos-...
cuatro, cinco y seis... -junto a la muralla-...
siete, ocho... -percibo que te alejas-...
nueve y diez... -yo recuento tu escapada-
... once, doce... -te alejas y te acercas-...
trece... -muy cerca, junto a mis espaldas
y presiento caricias de tu falda-...
¿Te escondiste, mi gallinita ciega?...
... y catorce... -que al poco llego a veinte.
tú, escondida, oculta tras tu risa
y burlándote juegas con tu ausencia-.
cuento y cuento, incansable, ciegamente,
sin buscar, sin embargo, siempre encuentro
cien, quinientos, mil besos, todos tuyos.

trova de café (III)


¡muy buenas tardes, damas, caballeros!
traigo aquí mi presencia, mas si estorbo
decidlo, que me bastan cuatro sorbos...
...que un café sabe mal entre altaneros...
si dais la bienvenida, sed sinceros,
que todo pensamiento vuestro absorbo,
y al tiempo que perciba celo y morbo
mis versos tomarán nuevos senderos.
si acaso puedo haceros compañía
perdonad mis vocablos atrevidos
o haced oídos sordos a su padre.
sabed, no obstante, que mi letanía
carece de improperios escondidos
por mucho perro sucio que me ladre.

peripecia


Acontece que me fugo a cada instante en cada verso mal escrito.
La jornada reflexiva me permite indagar en el hogar del pensamiento.
Los cajones guardan la basura. Los deseos, sobre la mesa,
con el pan a un lado y el plato -delante- vacío.
El armario empotrado tiene el síndrome histérico y la cama,
malhecha y desnuda, síntomas de historias fallidas de amor.
Y al paso de un verso que me olvido de todo
y sigo olvidando los presentes
presentes delante de mí.
Verso malo, sí,
tal vez sin pretensiones, pero mío.
Y me lleva a cavilar
y cavilando gozo en mi lujuria literaria
que se piensa y no se dice (o viceversa).
Me acompaño de la imagen femenina que no está
y me escondo en el rescoldo del deseo
detrás de los visillos, al espionaje:
sus nalgas descubiertas al capricho de su ajuar.
Y otro verso malo que me salga
sin la tres, ni la sexta ni la diez
que me den el dichoso endecasílabo
perfecto.
Y no me aturde cobijarme en malas letras
huyendo del fantasma nominal
y abusando del sintagma de la ópera versada.
¡Ya ni pido unas cubiertas que protejan estos versos!
Y como en todas las historias,
en estos tiempos que vuelan y dejaron de correr
nadie saborea la perdiz y mucho menos es feliz.
Así pues, resumo mi canto en un vestigio de libertad...
¡Silencio... Ya se acerca un final...!:
“Ni Van Gogh se fue a la guerra
ni Mambrú supo pintar“.

trova de café (II)


mostradme el gesto de una voz sucinta
y yo os daré cien mil vocabularios;
el verbo nunca ha sido innecesario,
por eso el hombre nunca lo destinta.
presentes la cuartilla, pluma, tinta,
abrigadas de instintos secundarios:
palabras y palabras, balnearios
que el alma necesita y las precinta.
escribid, deshaced el entresijo
de vuestras apetencias, sin censura,
que el corazón respira verso a verso.
sabed que cada verso trae consigo
un poco de bohemia singladura
y un mucho de placer oculto inmerso.

trova de café (I)


de nadie espero nada. ni siquiera
espero nada bueno de mí mismo.
ya hace tiempo que me arrojé al abismo.
muerto el hombre, que escriba, pues, su fiera.


y ya no habrá palabra que me hiera
ni más primeros versos de bautismo.
soy la bestia contra el proselitismo
de la literatura pendenciera.


destrozaré mi ayer, os lo prometo,
no sea que nadie quiera hacerlo suyo.
y correrá la tinta en mis reyertas.


sólo queda empuñar este soneto
(versos a un lado, al otro, mi orgullo)
y consolar mis páginas desiertas.

palabra de labrador


siembro dudas,
siego verdades
y recojo mentiras.

miércoles 23 de septiembre de 2009

cuatro canciones de estancias supuestas


-prima donna-
escanciaste tus más tempranos besos
en la comisura de mis versos apalabrados
y abandonaste al bostezo tu flor
de prima donna
allí encontré la ausencia de mi soledad
y gané la esencia de tu perfume resinoso
bebimos hasta saciarnos
pulcros y rameros
-ventano-
tú me echaste el aliento y perecimos
al abrigo del solsticio del sudor
de media tarde
cuando nadan las horas y las horas
las horas y las olas
las olas y las olas
abriré la ventana un poco
y que entre el euro
-tu coño-
desnudaste las entrepiernas
de la hojarasca
y pereciste
en el templado fulgor
un olor a lapicero nuevo
otro septiembre
de dos por dos cuatro
y una rendija al armario de lana
-el averno-
silencio que el silencio truena
la noche se precipita
y se derrama el café
sobre la alfombra
los demonios arrecidos
y congestionados
se aleccionan en las artes
del diálogo frente a la chimenea

orto



-¿y
tú,
sol,
qué?
di,
luz..

-¿no
ves?

ocaso


-¿y
tú,
sol,
qué?
¿ya
vas?

-ya
ves...

martes 22 de septiembre de 2009