
derramaron desde el cielo lágrimas de dolor.
sus ojos. lloraba dios.
ellos abusaron de todo:
de fruta, de carne, de pecado
y de todos los manjares del bien y del mal.
las lenguas reptantes provocaban encendidas.
como rayos atrevidos incitaban
entre la hojarasca de un cuerpo femenino
verde por naturaleza -como dicen-.
paraíso y dios y hombre -trinitario- y mujer
se aventuraban en la selva del principio.
ella quiso hacerse sumisa de hombros
como en la duda del no sé.
miraba recelosa a la serpiente.
-¡me amas!- afirmó.
-¡sssssí... y toma mi cuerpo de manzana!-
respondió el demonio de reptil.
adán besaba -reposante venusino-
con su dedo sus pretextos de existencia
en las sienes de un pintor y una cúpula renacentista.
todo era un paraje divinizado para el momento,
con testigos en hebreo y arameo, si acaso.
pensaba Adán en el orbe,
más allá de las puestas de sol y de los ocasos de los días,
y en las paredes azules de la casa de dios.
y se vio con el trozo de manzana en la boca...
dios se mesaba la barba caprichoso
y adán se vio desnudo sin príncipe ni arcángel
que desterrara por siempre la manzana maldita de su boca
ni besara los labios del hombre...
... un hombre, que muere en la tierra vestido de barro
en el torno celeste y girando, girando, girando
y cocido a trescientos sesenta suspiros del sol.